El oxígeno del aire, al tener contacto con ciertas verduras produce la oxidación, haciendo que estas se oscurezcan al corto tiempo de limpiarlas y cortarlas. Para evitar este inconveniente el mejor secreto es cocerlas en caldo blanco ya que no permitirá al óxido apropiarse de partes como los corazones de las alcachofas peladas, en las pencas de la acelga cuanto se sacan los hilos, en endibias deshojadas y en cardo troceado, entre otros.

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Los ingredientes para preparar un buen caldo blanco son el agua, la harina y el zumo de un limón. La harina se utiliza principalmente para crear una protección alrededor de las verduras, creando un caldo de tonalidad blanca, de donde por supuesto proviene el nombre. El ácido que crea el zumo de limón hace que no sea posible una oxidación, tan perjudicial para el alimento. La mezcla justa sería una cucharada sopera de harina y el zumo de un limón junto con dos litros de agua.

caldo-b.jpgLa elaboración del caldo es por demás sencilla, pero habrá que prestar especial atención al orden de los pasos a la hora de prepararlo. En el recipiente donde vamos a cocer las verduras debemos añadir 1 litro de agua, el zumo de limón y la harina. Con una varilla disolvemos la harina hasta que se haga una mezcla uniforme.

A continuación añadimos el segundo litro de agua, sal a gusto y las verduras que vamos a cocer. En este preciso momento (no antes), es cuando se pone el recipiente en el fuego para que comience la cocción en el caldo blanco. Un consejo es que una vez terminado el proceso, se dejen las verduras enfriar en el mismo caldo, esto le dará un toque especial a su sabor.