El pescado es un alimento que nos gusta a la mayoría de las personas, pero como nada es perfecto, su problema está en las espinas, y por ello muchas veces decidimos comer otra cosa, para ahorrarnos esta laboriosa tarea.

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Un pescado sin espinas es mucho más fácil de servir y comer, por supuesto puede ser rellenado a nuestro gusto sin problemas. Esta técnica se puede usar para truchas, chicharros, lubinas o verdeles antes de ser asados.

El proceso de desespinado es el siguiente:

Lo primero que debemos hacer es quitar las escamas, para lo cual, se sujeta el pescado por la cola y luego se apoya sobre una superficie lisa y cercana al agua. Con ayuda de un cuchillo se raspa (de la cola a la cabeza), es muy importante la dirección para lograr un buen resultado.

Después viene la limpieza y el vaciado, una vez que está desescamado, limpiamos al pescado bajo un buen chorro de agua fría para desprender escamas que han quedado sueltas por allí. A continuación tallamos el vientre con un cuchillo y retiramos todo dejando una cavidad limpia y vacía.

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Por último, viene el desespinado final. Primero que nada tenemos que cortar las aletas con unas tijeras, para luego, con un cuchillo lo más flexible y delgado posible, cortamos desde el fin de la abertura del vientre hasta la cabeza, deslizando el elemento cortante por debajo de las espinas de la parte abdominal, siempre bien pegado a la espina central para no cortar la carne.

Luego repetimos el mismo proceso pero en otro sentido, en lugar de realizarlo por debajo, se hace sobre la espina central, de la cabeza a la cola, de manera que se vaya separando la carne de las espinas. Es importante que al llegar a la cola no cortemos todo el filete.

Después damos vuelta el pescado y procedemos del mismo modo con el otro lomo, retiramos la espina central con cuidado, y finalmente se obtienen ambos lomos, unidos por la parte del centro.

Palabaras Clave:

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